La misión se reanudó con renovado impulso en 1947, no solo como institución religiosa integrada en la estructura de la Iglesia católica, con los derechos y obligaciones que derivan del ordenamiento canónico, sino también como entidad civil reconocida por el Estado mediante una asociación que otorga capacidad jurídica para actuar en el ámbito temporal mediante la
Asociación San Agustín[1]. Ahora se instalan en el barrio Punta Gorda. En los terrenos adquiridos existía una pequeña vivienda que sirvió de hogar a estos primeros misioneros. Allí mismo levantaron una modesta capilla en la calle Friburgo 5778, que no solo fue lugar de oración y encuentro, sino también espacio para la educación. Desde sus comienzos, la evangelización y la formación caminaron unidas como dos expresiones inseparables del carisma agustiniano.
Un momento decisivo fue el 19 de mayo de 1957, con la colocación de la piedra fundamental del colegio. Al año siguiente abrió sus puertas con 54 alumnos distribuidos en tres clases. Lo que comenzó como un sencillo colegio parroquial fue creciendo progresivamente mediante ampliaciones y adaptaciones, respondiendo a las necesidades de cada época. La propuesta educativa integra, siguiendo la tradición pedagógica agustina, la formación académica con la práctica deportiva y actividades de pastoral, buscando el desarrollo integral de cada alumno.
La preocupación por ofrecer espacios adecuados para la evangelización y la vida comunitaria y formación llevó a la construcción, en 1978, del Centro Parroquial San Agustín, proyectado por el reconocido ingeniero uruguayo Eladio Dieste. Concebido inicialmente para ampliar la acción pastoral de la parroquia, también sirvió para actividades deportivas y educativas. Aunque años después fue vendido debido a dificultades funcionales, su existencia testimonia el deseo constante de la comunidad de responder creativamente a las necesidades de su tiempo.
Ese mismo espíritu de crecimiento inspiró la adquisición, en 1979, de los primeros terrenos destinados al Campo de Deportes, ubicado sobre el Camino de la Pichincha. Con sucesivas incorporaciones, completadas en 2010, que favorece el encuentro, la convivencia y el desarrollo humano de niños y jóvenes.
Con el paso de los años, la antigua capilla resultó insuficiente para una comunidad parroquial y colegio en crecimiento. Por ello, en 1989 comenzó la construcción de un nuevo templo, inaugurado en 1991. Diseñado por los arquitectos Sotuyo y Cortazzo el templo se convirtió en un signo visible de la presencia agustiniana en el barrio.
Quienes ingresan en este espacio sagrado encuentran una imagen especialmente significativa: el Cristo realizado por el escultor Jaime Escala. El artista recibió el encargo de crear “un Cristo vivo”, cercano a las personas y comprometido con la realidad humana. Él mismo lo describía como un Cristo con manos fuertes para construir, pies firmes para caminar junto a su pueblo y mirada compasiva.
En 2003, se adquirió la casa de la calle Friburgo 5871, adaptándola como residencia para los religiosos. Esta decisión permitió liberar espacios para nuevos usos educativos. Hasta 2019, la presencia agustiniana en Uruguay dependió del Vicariato de Argentina y Uruguay. Desde 2020, se desarrolla un proyecto de colaboración con la Provincia de Brasil, con el objeto de fortalecer la misión compartida entre circunscripciones: religiosos y laicos trabajando por la continuidad y el crecimiento del carisma agustiniano.
En los últimos años también se han realizado importantes avances institucionales. Con el fin de adecuar la estructura jurídica de la Asociación San Agustín a la identidad propia de la Orden, se actualizó su normativa mediante un Reglamento Interno, que recoge explícitamente los fines y principios agustinianos y fortalece el vínculo entre la Asociación y la misión e identidad de la Orden.
Es una historia de fe compartida, de educación transformadora, de comunidad unida y servicio; una historia que, más allá de edificios y fechas, encuentra su verdadero sentido en las personas cuyas vidas han sido tocadas por el mensaje del Evangelio y por el carisma de san Agustín.